EL COSTO DE ESTAR BIEN

Amo estar bien; bien conmigo mismo, con mis hijos, en lo económico, en el amor, en la salud, etc. No me sucede tan a menudo, pero mis últimos años han sido así. Un verdadero regalo.

Pero aquí viene la paradoja: cuando estoy bien me voy al goce, aparecen la risa, la broma y una energía expansiva que me encanta, pero a la vez tiendo a desensibilizarme, como que me “anestesio”, pierdo un poco el interés por cultivar el corazón a través de lectura o talleres de crecimiento, me descuido, me trivializo, le hago el quite al silencio y la introspección… y eso no me gusta!!

En cambio cuando estoy en crisis ando mucho más sensible, observo mi entorno con más claridad, me vuelvo más empático, paro las antenas a todo aquello que me nutre, busco más espacios de silencio, momentos de encuentros profundos, dejo de ver TV, me sumerjo en la lectura y escribo mucho más también. Duele más e incomoda mucho, pero también me gusta esa versión mía en modo “invernal”.

Algo en mí sigue usando bienestar como recurso para escapar… y el dolor como recurso para entrar. Tal vez el desafío no es elegir entre el verano y el invierno, sino aprender a bailar con ambos en la misma consciencia del estado presente y mucha gratitud… sin perderme cuando estoy bien, ni necesitar el sufrimiento para volver a mí.

Rai Silva ❤️

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